Historia Universal Contemporánea 2012
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Antecedentes Revolución Rusa
Un país atrasado
A principio de siglo, Rusia
era un país atrasado económica, social y políticamente. Sin embargo, desde el
punto de vista internacional, ejercía el papel de gran potencia militar. Lo era
sólo en apariencia, pues su ejército había ido quedado anticuado a lo largo de
la segunda mitad del siglo XIX. Esta situación se apreciaba en tres planos:
Económicamente
A comienzos del siglo XX, Rusia era
un país preindustrial, anclado en el pasado, con un predominio absoluto del
sector agrícola. La estructura de la propiedad descansaba sobre grandes
latifundios en manos de la aristocracia, la Corona, la Iglesia y unos pocos
agricultores acomodados. La tierra era trabajada por campesinos analfabetos. En
vísperas de la 1ª Guerra Mundial sólo el 14,5 % de la población vivía en
ciudades.
Paradójicamente, el sector agrario era incapaz de proveer de
suficientes recursos a la población, dado su carácter primitivo y tradicional,
ajeno en gran medida a las transformaciones de la "revolución agrícola" que
habían alterado los cimientos económicos de otros países.
En 1905, el
gobierno acometió una reforma agraria dirigida por el ministro Stolypin con la
idea de modernizar las anticuadas estructuras, pero su fracaso prolongó el
atraso económico y social ruso.
La industrialización, iniciada tardíamente y
circunscrita a las grandes urbes, dependió siempre del capital extranjero y de
la iniciativa del Estado. La acción privada fue escasa, en parte debido a la
debilidad de la burguesía rusa.
La subordinación económica al capital
foráneo obligaba al pago de importantes intereses que eran financiados mediante
gravosos impuestos, soportados por la parte más frágil de la sociedad rusa, el
campesinado.
Socialmente
Rusia conformaba un vasto
imperio con más de 22 millones de kilómetros cuadrados, con múltiples etnias y
diferentes lenguas y religiones. A mediados del siglo XIX su población
sobrepasaba los 120 millones de habitantes, de los que unos 100 millones eran
campesinos.
El campesinado constituía el estrato social mayoritario.
Éste se organizaba en unidades aldeanas denominadas "Mir", que el Estado
favorecía y alentaba; su condición había permanecido semiservil hasta 1861 y sus
condiciones de vida eran muy penosas.
*Semiservil: Relaciones que se
establecen entre los grandes terratenientes, propietarios de inmensas haciendas
y los campesinos, que, habiendo sido despojados de sus tierras, se ven obligados
por una necesidad económica de supervivencia, a arrendar tierras a los grandes
propietarios y compartir el fruto de su trabajo con el dueño de la tierra, o a
trabajar las tierras del terrateniente con sus propios instrumentos de trabajo
con tal de que se le proporcione una pequeña parcela de cuyos frutos pueda vivir
él y su familia.
La aristocracia, muy conservadora, ostentó hasta 1861
privilegios señoriales de carácter feudal, en tanto que en el resto de Europa se
habían ido aboliendo a lo largo de la primera mitad del siglo.
Era
propietaria de enormes haciendas agrícolas y percibía abundantes rentas que le
permitían desarrollar un elevado tren de vida, hecho que contrastaba con la
miseria en que estaban sumidos los campesinos.
La burguesía, numéricamente
exigua, representaba un escaso peso social y político, pues Rusia había quedado
al margen de las revoluciones burguesas de la primera mitad del siglo XIX.
El proletariado industrial era igualmente reducido, si bien poseía una
elevada conciencia de clase y una alta politización, debido a la implantación de
ideologías revolucionarias procedentes de Europa (anarquismo y marxismo).
Las clases medias, consolidadas y en ascenso en los países
industrializados, eran aquí casi inexistentes y sirvieron en gran medida de
cantera a la burocracia del régimen zarista.
La integraban profesionales
liberales o comerciantes asentados en las ciudades. En las zonas rurales estaban
representadas por un reducido número de campesinos acomodados, no sujetos a la
servidumbre y propietarios de cuantiosas tierras.
No obstante, fue de
las clases medias de donde surgió en gran medida una minoritaria clase
intelectual ("intelligentsia") que constituyó el semillero de líderes opuestos
al zarismo.
Políticamente
Se mantenía incólume (sin daño) un
Estado totalitario propio del Antiguo Régimen.
El poder era detentado
por una monarquía absoluta y teocrática presidida por el Zar (Emperador) que
pertenecía a la dinastía de los Romanov, apoyado en cuatro pilares: la nobleza,
el clero, el ejército y la burocracia, arropados por una omnipresente policía
política.
Aunque existía un Parlamento (la “Duma”), sus poderes estaban
a merced del zar, que disfrutaba de la potestad de convocarlo o disolverlo. Era
una forma de gobierno "autocrática", pues el zar concentraba en sus manos el
poder supremo del Estado y lo ejercía sin límites. Además era el máximo
representante de la Iglesia ortodoxa.
Las libertades políticas eran
inexistentes y los disidentes u opositores eran perseguidos por la policía que
extendía sus tentáculos por todos los rincones del Imperio. Las deportaciones a
Siberia y las ejecuciones como método represivo de la oposición eran frecuentes.
Cambios entre 1861 y 1914
Entre 1861,
fecha de la abolición de la servidumbre y 1914, año en que Rusia entra en la
Primera Guerra Mundial, hubo intentos de modernizar el país. Sin embargo, fueron
incompletos y a la postre fracasaron, acentuado la crisis del sistema.
Destacan los siguientes:
La abolición de la servidumbre: Se
produjo, tardíamente, en 1861, tras un decreto (ukase) de emancipación.
La reorganización de la Justicia: Se alentó el nombramiento de jueces
inamovibles y jurados independientes.
La reorganización del Ejército: Se
eliminó el derecho de exención del servicio militar a la nobleza y se abrió la
carrera militar a todo hombre capaz.
La apertura de las universidades:
Inició el acceso de capas sociales cada vez más amplias a la formación superior,
especialmente las clases medias urbanas. La autocracia zarista necesitaba
cuadros con alta cualificación. Del seno de estas clases surgieron intelectuales
críticos con el régimen, que rompieron el papel que tradicionalmente les había
asignado el régimen: el de funcionarios del aparato del Estado.
La industrialización del país
Comenzó
tímidamente en los años 40 del siglo XIX, cuando se pusieron en marcha factorías
de hilado, que aunque con carácter muy restringido, constituyeron el germen de
la economía capitalista moderna.
La industrialización se concentró en gran
medida en torno a la construcción de ferrocarriles y fue muy rápida durante la
década de los 80 del siglo XIX; durante la siguiente década sufrió una
desaleración para resurgir a partir de 1909.
La financiación de
construcción ferroviaria fue monopolizada por el capital extranjero,
especialmente de origen francés y alemán. Los bienes de equipo (maquinaria,
vagones, locomotoras) y la técnica también procedían del exterior.
Surgieron de este modo zonas industriales, en su mayoría dedicadas a la
siderurgia, en San Petersburgo, Moscú, zona de los Urales y Ucrania Occidental.
En Siberia Oriental adquirieron relevancia las minas de carbón, indispensables
para el funcionamiento del ferrocarril.
En el Caspio, se descubrieron
importantes yacimientos petrolíferos en la región de Baku que fueron explotados
por capital extranjero. A pesar de todo, las zonas industrializadas activas eran
insignificantes en relación a la enorme extensión del imperio.
El
fenómeno iba ligado al escaso poder adquisitivo de la población rusa, en su
mayoría campesina y sin recursos, lo que dificultaba la consolidación de un
mercado nacional interno. Antes de la Primera Guerra Mundial la población activa
del sector secundario continuaba siendo insignificante (un 5% del total). La
Banca estaba igualmente vinculada a empresas extrajeras: un 40% del capital de
los bancos privados rusos era foráneo.
En vísperas de la Primera Guerra
Mundial Rusia atravesaba una fase de expansión industrial, pero continuaba
rezagada con respecto a las potencias europeas, Japón y Estados Unidos. El peso
específico del agro continuaba siendo aplastante a pesar de que se estaba
forjando un empresariado moderno y lentamente crecían las clases medias. Esta
tendencia quedaría trastocada con el estallido de la Gran Guerra.
Oposición política al zarismo
A lo largo del siglo
XIX, fue surgiendo en Rusia una oposición cuya origen hay que buscarlo en los
sectores más ilustrados de la sociedad. Este colectivo ha recibido el nombre de
"Intelligentsia". De ella surgieron numerosos líderes de distintas formaciones
políticas
Al margen del objetivo común que esos grupos compartían, la
destrucción del zarismo, sus diferencias fueron a menudo irreconciliables.
El nihilismo Integrado por
inconformistas, muchos de ellos miembros de las clases altas, que se oponían a
la política reformista del régimen.
Promovían su destrucción mediante una
revolución campesina y la socialización de la tierra. Pertenecieron a esta
corriente los anarquistas Mijail Bakunin y el príncipe Kropotkin.
La
educación del pueblo y la violencia terrorista constituyeron los medios para
conseguir sus objetivos. En 1881 fue asesinado en un atentado el zar Alejandro
II.
El Partido Socialista Revolucionario (Social Revolucionario
o "eserita")
Fundado por Chernov en 1901, su principal líder fue
Kerensky (más tarde, jefe del Gobierno Provisional).
Propugnaba una sociedad
colectivista de base rural y sus principales apoyos le vinieron del campesinado,
aunque también contaba con simpatizantes entre los obreros industriales.
Partido Obrero Socialdemócrata Ruso
Fundado en
1898. Su ideología era marxista. A partir de 1903 (en su II Congreso) se
escindió en dos corrientes:
La menchevique (minoritaria): partidaria de
la revolución de obreros y campesinos. Consideraba necesario un período de
transición que transformara a Rusia en un país industrializado, con un régimen
democrático-burgués como paso necesario y previo a la construcción de la
sociedad socialista-proletaria.
Sus miembros promovieron la colaboración
con los partidos burgueses para derrocar al zarismo. Entre sus líderes
destacaron Plejánov y Martov.
La bolchevique (mayoritaria): más radical
que la anterior. Su dirigente, Lenin, era partidario de la toma del poder,
luchando simultáneamente contra el zarismo y contra la burguesía liberal.
Frente al marxismo ortodoxo de los mencheviques, sostenía que aunque
Rusia no había pasado por una revolución burguesa, era posible bajo el liderazgo
de una minoría concienciada y decidida alzarse con el poder por medio de un
golpe de mano. Por tanto, no era necesaria una fase previa burguesa.
Lenin
A la postre se constituirá en la formación triunfante de la revolución
de octubre de 1917 y, una vez consolidada en el poder, forzó la desaparición del
resto de los grupos.
Fuente:
http://www.claseshistoria.com/revolucionrusa/rusiazarista.htm